6. Las 3 de la tarde - Divina Misericordia Alicante
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son las tres de la tarde.

esta es la hora en la que jesÚs muriÓ para salvarnos.

 

«deseo que se honre mi misericordia,
doy a la humanidad su Última tabla de salvaciÓn.»

 

La devoción que más agrada a Nuestro Señor es la veneración de Su Pasión en aquel instante en que tuvo lugar Su muerte en la Cruz.

 

jesucristo dijo a santa faustina:

“Te recuerdo, hija Mía, que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y  especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. Hija Mía, en esa hora procura rezar el Via Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Via Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo. (Diario, 1572)

 

“A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal. En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión …” (Diario, 1.320)

 

Hemos de rezar el Vía Crucis “Con el corazón”, es decir, con fe y con amor. Este es el deseo de Jesús, cuando dijo a Santa Faustina:

 

“Son pocas las almas que contemplan Mi Pasión con verdadero sentimiento; a las almas que  meditan devotamente Mi Pasión, les concedo el mayor número de gracias.” (Diario, 737).

 

El rezo del Vía Crucis (Camino de la Cruz) es la contemplación y meditación de la Pasión. Cualquier Vía Crucis que tenga esta finalidad, cumple con este objetivo.

 

En este caso, se medita la Pasión, contemplada desde la perspectiva de una madre a la que después de martirizar salvajemente a su hijo, lo acompaña hasta su crucifixión y muerte: la Madre de Jesús.

“Yo soy la esclava del Señor, hágase en mi según su palabra”.

 

Estas palabras, las casi únicas que pronunció María en las Escrituras, pusieron en movimiento el proceso de nuestra redención. Estas palabras también abrieron para María una vida que ella nunca pudo haber imaginado y, que ciertamente, tendría que estar bendecida al mismo tiempo con felicitad y con un gran dolor.

 

María, la madre de Jesús, realizó el primer Viacrucis.

 

Estas estaciones, con el título de El Viacrucis de María, tiene por objeto llevarnos, a través de sus ojos, a contemplar el sufrimiento de Jesús. Sin embargo, no deja de ser cierto que se hace con una cierta osadía, pretendiendo meterse en la piel de la Santísima Virgen, para intentar expresar lo que debió de sentir y cómo debió de costarle amar en las difíciles singladuras que Dios le pidió que atravesara. El relato, no es más que aproximativo. Si resulta difícil saber lo que piensa, experimenta o sufre otra persona, el misterio se vuelve insondable cuando se trata, nada menos, que de la Inmaculada. Por ello, si éste Vía Crucis, ha servido para conocer más a María, para amarla más y para imitarla mejor, al mismo tiempo que se sufre la Pasión de Jesús, habrá cumplido su cometido. Si no es así, rogamos perdón e indulgencia. Al final de una mañana primaveral de un año, entre el 30 y el 33 de nuestra era, por una calle de Jerusalén (que en los siglos sucesivos llevaría el emblemático nombre de “Vía dolorosa”), avanzaba un pequeño cortejo: un condenado a muerte, escoltado por una patrulla del ejército romano, con dirección a un pequeño promontorio rocoso llamado en arameo Gólgota y en latín Calvario, o sea, “Cráneo”.

 

Esta era la última etapa de una historia conocida por todos, en cuyo centro destaca la figura de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, crucificado y humillado; resucitado y glorioso.

Al final de una mañana primaveral de un año, entre el 30 y el 33 de nuestra era, por una calle de Jerusalén (que en los siglos sucesivos llevaría el emblemático nombre de “Vía dolorosa”),  avanzaba un pequeño cortejo: un condenado a muerte, escoltado por una patrulla del ejército romano, con dirección a un pequeño promontorio rocoso llamado en arameo Gólgota y en latín Calvario, o sea, “Cráneo”.

 

Esta era la última etapa de una historia conocida por todos, en cuyo centro destaca la figura de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, crucificado y humillado; resucitado y glorioso.

el viacrucis de marÍa

 

Por la señal …
Acto de contrición: Señor mío Jesucristo …

1ª ESTACIÓN:

JESÚS SENTENCIADO A MUERTE

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador.

María: Era una fría mañana de viernes, cuando después de una noche de dolor, de burlas y  desprecio, vi comparecer a mi Hijo, roto por el terrible tormento de la flagelación, para ser juzgado. Su destrozada y sangrante piel, clavó una espada de profundo dolor en mi corazón y las lágrimas rodaron por mis mejillas.

 

Desde su tribunal de juez, Pilatos, preguntó al gentío que eligieran entre Barrabás y mi Hijo… Todos a mi alrededor vociferaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» . Y así, lavándose las manos, les soltó a Barrabás y condenó a mi Hijo al castigo más cruel y doloroso (reservado a los criminales),  entregándolo para que fuera crucificado junto a dos ladrones, para que fuera todavía más humillante.

 

Entre la multitud, busqué a sus amigos: ¡no hay ninguno!.

 

Reflexión.Sentenciado y no por un tribunal, sino por todos nosotros. Condenado por los mismos que le habían aclamado poco antes. Y Él callaba … Señor Jesús, es muy difícil imaginar la angustia que tu madre sintió al ver cómo te condenaban y, sin embargo, cuando guardo rencor, es como si yo gritara «¡Crucifícalo!». Cuándo juzgo a los demás: «¡Crucifícalo!».¿No provoca esto lágrimas de angustia en los dos, en ti y en tu madre?. Perdóname, Jesús.

 

2ª ESTACIÓN:

JESÚS CARGADO CON LA CRUZ

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Unos hombres arrastraron una pesada cruz de madera y la echaron sobre sus espaldas. Después, lo empujaron violentamente a la calle. Miraba a mi Hijo cómo caminaba por las calles de Jerusalén, sangrante y exhausto. Mi dolor fue insoportable. Hubiera querido quitarle la cruz y llevarla yo misma. Y, así, caminé cabizbaja y pensativa, entre empujones de la gente.

 

Reflexión.Que yo comprenda, Señor, el inmenso valor y sacrificio de Jesús, cargando con la Cruz, teniendo en cuenta su dimensión humana; su dimensión divina, como Hijo de Dios; y como hijo de su madre, María, viendo el dolor que compartía con Él, camino del Calvario.

 

Que comprenda, Señor, mis pequeñas cruces de cada día, de mis dolencias, de mi soledad, para que cumpliendo con Tu Voluntad, haga de ella mi voluntad, para llegar a la Santidad.

 

Señor Jesús, Te suplico perdones las muchas veces que he aumentado el peso de Tu Cruz cerrando los ojos ante el dolor y la soledad del prójimo. Perdóname por murmurar de los demás. Ayúdame a ser como María.

 

 

3ª ESTACIÓN:

JESÚS CAE, POR PRIMERA VEZ, BAJO EL PESO DE LA CRUZ

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Él está al límite de sus fuerzas, después de una terrible noche encarcelado y torturado. Él ¡Cae al suelo!.

 

La madera de la pesada cruz, se abría camino en la carne de sus espaldas. Mi corazón desfalleció cuando lo vi cara al suelo. Entonces, los soldados lo patearon e insultaron.

 

En mi soledad, entre sollozos, empujones y el griterío de la gente, iba recordando su niñez, su juventud y las noticias que me llegaban de su vida pública. ¡Eran otros momentos felices!.

 

Reflexión.Señor, ¿Cuántas veces te he visto caer y, a diferencia de María, te he dejado ahí sin importarme?.

 

María te ofreció su apoyo durante toda tu pasión. Ayúdame a hacer lo mismo por Tí, brindando apoyo a los demás, haciendo el bien a todo el mundo.

 

 

4ª ESTACIÓN:

JESÚS SE ENCUENTRA CON SU AFLIGIDA MADRE

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Mi corazón me pedía llamarle. ¡Lo llamé a gritos!. Él se detuvo. Nuestros ojos se encontraron, los míos, llenos de lágrimas y angustia; los de él, llenos de dolor y confusión. Me sentí desfallecer y, entonces, sus ojos me dijeron «¡Animo! ¡Ya sabes dónde voy!. Te lo he dicho muchas veces en nuestra casita de Nazaret. ¡Todo esto servirá para algo!». A medida que tambaleante caminaba, supe que tenía razón y recordé las palabras de Simeón «Este niño… será signo de contradicción y a ti misma, una espada te atravesará el corazón.»

 

Era la Voluntad de Dios, que había que acatar y, así, caminé en silencio.

 

Reflexión.Cuán doloroso fue para el Hijo Divino ver a su Madre querida, en estas circunstancias tan crueles, y para María, ver a su amado Hijo arrastrado brutalmente por una cuadrilla de verdugos.

 

Señor Jesús, perdóname las veces que no quise o no supe acatar Tu voluntad. Perdóname las veces que perdí la paciencia por pequeños inconvenientes. Sí, Señor, nuestras miradas se han cruzado muchas veces, pero yo … miré para otro lado.

 

 

5ª ESTACIÓN:

EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Los soldados empujaron a un hombre que se resistía. Le obligaron a tomar parte de la cruz para aligerar su peso a mi Hijo. De esta forma, cogió Simón el extremo de la cruz y lo cargó sobre sus hombros, dejando el otro para mi Hijo: el más pesado, el del amor no correspondido; el de tus pecados … el de todos los hombres. ¡Con cuanta alegría hubiera ocupado yo el lugar de Simón!. Pero pronto comprendí que tenía que suceder así, para que mi Hijo llegara vivo al Calvario y, que su sacrificio fuera mayor todavía.

 

Reflexión.Señor, cada uno de nosotros hemos venido al mundo para cumplir con una misión y realizarnos de una manera particular, pero muy en especial para ayudar a los demás. Ayúdame a ser como tu madre, María.

 

 

6ª ESTACIÓN:

LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Seguía de cerca a Jesús, cuando una mujer, de nombre Serafia, también conocida por Verónica, se abrió paso entre los soldados; se quitó el velo y comenzó a limpiar el rostro sudoroso y ensangrentado de mi Hijo.

¡Aún hay alguien con corazón, que está de parte de mi Hijo!. Dentro de mi profunda tristeza, este fue un consuelo. Y así, de esta forma, continué mi camino en la fe y en silencio.

 

Reflexión.Señor Jesús, esta mujer, valiente y decidida, se acerca a Ti, cuando todos te abandonan. Ella, Señor, sin ningún tipo de temor, ni reparo, acudió en tu ayuda y yo, por el contrario, te abandono cuando me dejo llevar por el «qué dirán», del respeto humano. Se me han presentado muchas oportunidades para darte algo (dando a los demás), y las he dejado pasar. Ayúdame a darte todo lo que tengo.

 

 

7ª ESTACIÓN:

JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ.

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Por segunda vez, Jesús cae al suelo. Él se levantó y se tambaleó lentamente hacia adelante.
Viendo a mi Hijo caer y levantarse de nuevo, fue, al mismo tiempo, una alegría y una angustia, cada vez más amarga. Hubiera querido apartarlo de las manos de sus verdugos, aunque sabía que, para la salvación del mundo, tenía que pasar, necesariamente, por todo este sufrimiento.

 

Reflexión.Señor, me da miedo a caer; miedo a no conseguir levantarme; a que las cosas no  salgan como yo esperaba. Quiero cargar con mi Cruz, pero quiero saber su peso, para no caerme y quedar mal delante de los demás. Y cuando caigo, ¡tengo preparadas tantas excusas para explicar por qué he caído!. María, ¡no te apartes de mi lado cuando esto ocurra!

 

 

8ª ESTACIÓN:

JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: En medio de los gritos, maldiciones, burlas y confusión, se oyó el llanto y las voces de  tristeza de las mujeres de Jerusalén, compadeciéndose de mi Hijo. Jesús les dijo que no  derramaran lágrimas por él y que más bien lo hicieran por ellas mismas, lágrimas que las llevaran a la conversión. Ellas, sin embargo, no veían la relación entre esto y el camino de mi Hijo a la muerte. Y así, caminando, lo seguí en mi tristeza y en silencio.

 

Reflexión.Muchas veces, tendría yo que analizar la causa de mis lágrimas. Al menos, de mis  pesares y de mis preocupaciones, viendo siempre las faltas de los demás y, muy rara vez las mías. Debería llorar por mi falta de correspondencia a Tus innumerables beneficios de cada día, que manifiestan, Señor, cuánto me quieres.

 

 

9ª ESTACIÓN:

JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Contemplo como cae, exhausto, al límite de sus fuerzas físicas. ¡Que dolor para él! ¡Qué agonía para mí, verlo sin poder ayudarle!.

 

Ninguna caída pudo detener a mi Hijo, para que no llegase vivo al Calvario, esforzándose por  cumplir con su misión. Los soldados le gritaron y lo maltrataron, casi hasta arrastrarlo en sus últimos pasos, pues sus fuerzas eran prácticamente nulas. Imaginando cuál sería la siguiente injuria que le harían, se me destrozó el corazón. Pero yo sabía que todo esto era inevitable y
tenía que suceder y, así, subí al cerro detrás de él, guardando todo esto en mi corazón.

 

Reflexión.Ayúdame, Señor, a ser como María, tu madre, y ofrecer el apoyo de mi hombro a  quienes lo necesitan; a los que sufren; y a los que están solos y tristes.

 

 

10ª ESTACIÓN:

JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Al llegar a la cima, los soldados comenzaron a arrancarle la ropa de su piel llena de sangre coagulada. Era insoportable ver a mi Hijo con tanto dolor (que sentía como en carne propia), y encogiéndome poco a poco, me dejé caer lentamente, sobre una de aquellas rocas.

 

Reflexión. Quizás Madre, tú tejiste la túnica que le arrancaron de su cuerpo, herido y sangrante y, con ella, también su intimidad personal.

 

Señor, también yo he sentido, a veces, cómo algo se arrancaba dolorosamente en mí, por la pérdida de mis seres queridos. Que yo sepa ofrecerte el recuerdo de las separaciones que me desgarraron (aceptando siempre Tu voluntad), uniéndome a tu pasión y esforzándome en consolar a los que sufren.

 

También yo, a mi manera, te he desnudado. He despojado a otros de su buena fama, con murmuraciones y críticas. Jesús, ayúdame a verte en todas las gentes … en mi prójimo.

 

 

11ª ESTACIÓN:

JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Arrojaron a mi Hijo sobre la pesada cruz, pero Él no se resistió y voluntariamente dejó que lo clavaran. Cuando agujerearon sus manos y sus pies, sentí un inmenso dolor en mi corazón.  Después levantaron la cruz y un grito doloroso se extendió por el Gólgota. Su rostro expresaba el inmenso dolor que padecía. Ahí estaba mi Hijo, al que tanto amaba, Hijo de Dios, hecho hombre, colgado del madero, siendo despreciado por  todos. Pero yo sabía que todo aquello era inevitable,
para el bien y redención de la humanidad.

 

Reflexión. Oigo los fuertes golpes y me encojo de miedo. Me tapo los oídos y miro para otro lado. ¿Te pasó lo mismo a ti, Madre?. No te perdiste ni un solo golpe de martillo, ningún escarnio ¿cómo pudiste contemplar esta escena tan dolorosa?.

 

Señor, ¡cuánto dolor soportaste por mí. Y cuánto dolor tu madre sufrió, viendo a su único Hijo  morir por amor a mí!.

 

A pesar de todo, ambos, Tú y tu madre, estáis dispuestos a perdonarme, tan pronto me arrepienta de mis pecados.

 

 

12ª ESTACIÓN:

JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

¡¡¡ SON LAS TRES DE LA TARDE !!!

 

María: ¿Qué sufrimiento mayor puede haber para una madre, que ver morir a su Hijo, siendo maltratado e insultado?.

 

¡Aun habla!. Palabra… tras palabra, penetran en mi corazón de madre. Desde la Cruz, Él me  entrega como madre a todos vosotros. Ésta fue la despedida de mi Hijo, antes de entregar Su vida al Padre.

 

Yo, que lo traje al mundo y que lo vi crecer, estuve sin poder hacer nada, cuando muy lentamente inclinaba su cabeza y moría.

 

Reflexión. Te adoro, mi Señor, muerto en la Cruz por Salvarme. Te adoro y beso tus llagas, las heridas de los clavos, la lanzada del costado… ¡Gracias, Señor, gracias! Has muerto por salvarme, por salvarnos. Permíteme responder a tu amor con amor, cumplir Tu Voluntad y trabajar por mi salvación, ayudado de Tu gracia.

 

 

13ª ESTACIÓN:

JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ.

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: Dos hombres bajaron el cuerpo de la Cruz y lo depositaron en mis brazos. Ahora, por última vez, lo abrazo y lo acaricio como cuando era niño. Mis pensamientos vuelven treinta años atrás. Su muerte (igual que su nacimiento), tiene lugar en condiciones de extrema humillación.

 

Aquel a quien llevé entre mis entrañas y después entre mis brazos siendo niño, yace ahora muerto, después de haber sido horriblemente ejecutado.

 

Pensativa, medito sobre sus heridas y, con enorme cariño, contemplo el rostro y los despojos de aquel que tanto acaricié siendo niño y, ahora, recorro con mis dedos los lugares donde han penetrado las espinas en su cabeza, contemplando -con el corazón partido-, su pálida faz, ensangrentada y desfigurada; sus ojos y boca; el costado abierto y ensangrentado; manos y pies perforados. Un profundo dolor se apoderó de mi ser. La vida había terminado cruelmente para mi Hijo, pero esa misma muerte trajo la VIDA para todos nosotros.

 

Reflexión. ¡Déjame estar a tu lado, Madre! especialmente en estos momentos de tu
dolor incomparable. Señor, la contemplación de tu Madre, en unas circunstancias tan crueles, debió suponerte un dolor, un sufrimiento y un martirio terrible para ella. Permíteme estar junto a ella y consolarla, especialmente durante cada sábado, dedicados a María.

 

 

14ª ESTACIÓN:

JESÚS ES SEPULTADO

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: ¡Qué momento aquel!. Unas manos fuertes y serviciales, apartan su cuerpo de mi lado. Ahora, no puedo evitar la separación. Llorando, sí llorando, pero también, al mismo tiempo, alegrándome en silencio. Eché una última mirada a mi amado Hijo y, después, salí dejándome una parte de mi corazón en aquel lugar.

 

Cerraron la tumba. Antes de alejarme, volví lentamente mi cabeza. ¡Todo se había cumplido!  Ahora, tenía que esperar con fe y en silencio.

 

Reflexión. ¡Todo había terminado!. Pero no: después de la muerte, la Resurrección. Enséñame Señor, a distinguir entre lo transitorio y pasajero de esta vida y la luz de la vida eterna, para que ilumine todos mis actos. 

 

Señor Jesús, ahora, Te pido que me ayudes a vivir una vida en santidad. Nunca dijiste que una vida así fuera fácil. Quiero dejar atrás el pecado y vivir solamente para Ti, en mis hermanas y hermanos.

 

 

15ª ESTACIÓN:

JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos …

 

María: ¡Que vacía me sentí tratando de vivir sin él, a quien tanto amaba!. Pero, solamente dos  días más tarde, esta soledad se llena más allá de lo creíble. ¡Él ha resucitado!. El anuncio de la Resurrección ha convertido mi tristeza en alegría. Él abrió las puertas de la nueva Vida. Esta es la manera como tenía que suceder porque su amor inmortal por ti y por mí, no podía detenerse ante nada.

 

Reflexión. «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí ¡ha resucitado!».

 

Señor, que como María Magdalena y las piadosas mujeres, también yo te encuentre en mi camino.

 

¡Gracias, Señor! Gracias por tan interminable Amor, que me ayuda a rechazar mi propia maldad. María, Madre de nuestro Salvador resucitado, enséñame a ser como tú, para renovar en mí una nueva primavera de esperanza.