Vivir la Santa Misa - Divina Misericordia Alicante
15396
post-template-default,single,single-post,postid-15396,single-format-standard,tribe-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,,vertical_menu_enabled,qode-title-hidden,side_area_uncovered_from_content,qode-theme-ver-16.7,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,disabled_footer_bottom,wpb-js-composer js-comp-ver-5.5.2,vc_responsive

Vivir la Santa Misa

La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, de su pasión, muerte y resurrección; la actualización y ofrenda sacramental de su único sacrificio. Por eso la Misa es, a la vez sacrificio de la cruz y banquete de comunión. El mismo altar es altar del sacrificio y mesa de banquete. El mismo Cristo es víctima y alimento.

 

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

La Santa Misa, es el acto más grande, más sublime y más santo, y se celebra todos los días en la tierra. Nada hay más sublime en el mundo que Jesucristo, y nada más sublime en Jesucristo que su Santo Sacrificio sobre el calvario; y este mismo Sacrificio se perpetúa en el mundo actualizado en cada Misa.

El Calvario fue el primer Altar; después cada altar de la Misa se convierte en Calvario.
La Cruz, no valió más que vale la Misa. Misa, Cena, Cruz son el mismo Sacrificio.

Aunque no hay en el mundo lengua que pueda expresar la grandeza y valor de la Santa Misa, algunos testimonios nos ayudarán a vislumbrar tan inefable misterio:

“Más merece el que devotamente oye una Misa en gracia de Dios, que si diera todos sus bienes para sustento de los pobres” (San Bernardo)

“Oír Misa en vida, o dar limosna para que se celebre aprovecha más que dejarla para después de la muerte” (San Anselmo)

“Más aprovecha para remisión de la culpa y de la pena, es decir, para la remisión de los pecados, oír una Misa que todas las oraciones del mundo”. (Eugenio III, Papa).

“Con la Misa se tributa a Dios más honor que el que puedan tributarle todos los Ángeles y santos en el Cielo, puesto que el de éstos es un honor de criaturas, más en la Misa se Le ofrece su mismo Hijo, Jesucristo, que Le tributa un honor infinito” (San Alfonso Mª de Ligorio).

Con la asistencia a la Misa, rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor Jesucristo.

Durante la Misa, te arrodillas en medio de una multitud de Ángeles que asisten, invisibles, al Santo Sacrificio con suma reverencia.

A la hora de la muerte, tu mayor consolación serán las misas que hayas oído durante tu vida. Cada misa te acompañará al Tribunal divino y abogará para que alcances el perdón.

Con cada misa, puedes disminuir el castigo temporal que debes por tus pecados, en la proporción al fervor con que la oigas.

Con cada misa, aumentas tu grado de gloria en el Cielo. En ella, recibes la bendición del Sacerdote, que Dios ratifica en el Cielo.

Santa Teresa, suplicaba un día al Señor que le indicara cómo Le podría pagar todas las mercedes que le había dispensado, y le contestó que OYENDO UNA MISA.

“Todas las buenas obras del mundo reunidas, no equivalen al Santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras que la Misa es obra de Dios. En la Misa, es el mismo Jesucristo Dios y Hombre Verdadero, quien se ofrece al Padre para remisión de los pecados de todos los hombres y, al mismo tiempo, Le rinde un honor infinito” (Santo Cura de Ars).

Asistir a la celebración de la Santa Misa, se puede hacer de muchas maneras, pero la mejor es teniendo pleno conocimiento de lo que significa cada uno de los momentos, escuchando e integrándose plenamente en todos ellos. Para éste fin, se te ofrece la posibilidad de que conozcas, de forma esquemática, su significado e interpretación.
Esta es la celebración de la Santa Misa …

PASO A PASO

 

Puntualidad.- Es signo de educación, de caridad con los demás; y de aprecio de la Misa. Llegar antes ayuda a centrarse mejor.

La Misa cuenta con una preparación, llamada Ritos iniciales.

Tiene dos partes importantes: Liturgia de la Palabra y Liturgia Eucarística que constituyen un sólo acto de culto.

Concluye con los Ritos finales.

Esta conjunción entre la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística se daba ya en la Iglesia apostólica

 

Ritos iniciales

 

Todo lo que precede a la Liturgia de la Palabra tiene el carácter de introducción.

Sirve para que los asistentes se dispongan a formar comunidad, y se dispongan a una celebración consciente y fructífera, oyendo atentamente la palabra de Dios y participando en la celebración de la Eucaristía.

Estos ritos son: el Canto de entrada, el Saludo, el Acto Penitencial, el Señor ten piedad, el Gloria (los domingos) y la Oración Colecta.

 

Canto de entrada

 

Tiene como finalidad abrir la celebración, fomentar la unión entre los fieles reunidos y elevar sus corazones para la contemplación del misterio litúrgico del día.

El ministro entra en el templo y se dirige procesionalmente hacia el altar, simbolizando el camino que recorre la Iglesia peregrina hasta la Jerusalén celestial. Se introdujo en la liturgia romana en el siglo V.

Al llegar al altar, que simboliza a Cristo, se realizan:

Inclinación profunda, que es un gesto de intenso respeto

Beso del sacerdote al altar, en nombre de todo el pueblo reunido, que es representación de la Iglesia: es el beso de la Iglesia a su Esposo, que es Cristo. Si la misa es concelebrada, lo besan todos los concelebrantes.

 

Saludo

 

Al terminar el canto de entrada, el sacerdote y toda la comunidad hacen el gesto de la señal de la Cruz «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».

El sacerdote, extendiendo las manos, saluda al Pueblo anunciando a la Asamblea la presencia del Señor.: «El Señor esté con vosotros…» La fórmula es un acto de fe en la Trinidad y recuerda el Bautismo.

El saludo manifiesta el misterio de la Presencia de Dios entre los que se han reunido en su nombre.

 

Acto Penitencial

 

El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento: «Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados».

El acto penitencial manifiesta el sentimiento que tiene la Iglesia de ser comunidad de pecadores y consta de tres partes:

invitación a los fieles para que se examinen y reconozcan pecadores. Este momento de silencio es importante y forma parte de este acto.

petición de perdón, que se expresa con la oración «Yo confieso ante Dios todopoderoso» con el gesto de un golpe de pecho al decir: Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Basta con un solo golpe.

absolución, que no es sacramental, sino que expresa un deseo de perdón de Dios. El sacerdote implora: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

 

Señor, ten piedad

 

Es un canto de súplica en la que los fieles aclaman al Señor y solicitan su misericordia.

Se canta o se dice el himno: Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad…

Es un canto antiquísimo de aclamación y suplica. Se canta los domingos -fuera del tiempo de Adviento o Cuaresma- y en celebraciones solemnes o con asistencia especial del pueblo

Comienza con las palabras del Ángel en Belén.

Sigue con una estrofa dirigida a Dios Padre, como Señor, Rey del Cielo y Omnipotente

Continúa con una segunda estrofa dirigida a Dios Hijo, al que se llama Señor, Cordero de Dios, Hijo del Padre: es decir, se resalta su señorío, su carácter redentor y su filiación natural divina.

Concluye con una glorificación a Cristo, al Espíritu Santo y al Padre.

 

Oración Colecta

 

Es una oración que el sacerdote dice con las manos juntas, introducida probablemente por san León Magno en el siglo V, que consta de cinco partes:

1. Invitación a la oración.

2. Momento de silencio, para oración personal, abierta a intenciones universales.

3. Oración por parte del Sacerdote, dirigida a la Trinidad: Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo…

4. Conclusión, con una profesión de fe.

5. Aclamación y asentimiento por parte del pueblo, que contesta: Amén; es decir: Así se sea, que se haga así.

 

Liturgia de la Palabra

 

Escuchamos la “proclamación” de la Palabra de Dios. Cristo mismo es quien la realiza, ya que es Palabra de Dios encarnada, la única Palabra que resuena en el antiguo y en el Nuevo Testamento.

No es una evocación de palabras pronunciadas en el pasado: es una memoria que actualiza lo que se recuerda, haciéndola eficaz, en el momento de su proclamación, a aquellos a quienes se dirige.

Consta de:

 

  1. Lecturas (Primera lectura; Salmo responsorial; Segunda lectura)
  2. Cantos (Aleluya. Secuencias en determinadas solemnidades)
  3. Evangelio
  4. Homilía
  5. Credo
  6. Oración de los fieles

1. Lecturas

 

En la Primera y Segunda Lecturas Dios habla a su pueblo, le descubre el misterio de la redención y la salvación, y el mismo Cristo, por su palabra, se hace presente en medio de los fieles.

Terminan con la expresión: Palabra de Dios. Es una confesión de fe.

El salmo responsorial. Es una respuesta a la Palabra de Dios, relacionada con la primer lectura. Es un texto bíblico por el que Dios habla a su pueblo.

2. Cantos

 

Aleluya. Significa en hebreo: «alabad al Señor». Se canta siempre, salvo en Cuaresma.

Secuencias. Se cantan en determinadas solemnidades, como el Domingo de Pascua; Corpus Christi; y Pentecostés.

3. Evangelio

 

El diácono o sacerdote lee el Evangelio. Los fieles escuchan de pie.

4. Homilía

 

Es una predicación del sacerdote o del diácono que comenta la Palabra de Dios dentro de la Liturgia, a partir, fundamentalmente, de las lecturas que se han escuchado.

Se debe pronunciar siempre los domingos y días festivos.

5. Credo

 

Creo en un solo Dios, Padre poderoso, Creador del Cielo y la tierra…

Es una profesión de fe que recita la comunidad.

Se reza de pie porque significa firmeza en la fe y un deseo de poner en práctica, con hechos, esa fe que se proclama.

6. Oración de los fieles

 

La Oración de los fieles también se llama Oración común.

Consta de una introducción y de unas peticiones de carácter universal, y también local:

-por las necesidades de la Iglesia Universal,
-por las necesidades de la sociedad, por los gobernantes de las naciones, de las personas, por la salvación del mundo,
-por los que sufren cualquier necesidad,
-por la comunidad local.

Liturgia Eucarística

Es la parte más importante de la Misa.

La Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística no son dos actos de culto distintos, sino dos momentos celebrativos de un único misterio.

 

La Iglesia ha estructurado la celebración de la Liturgia Eucarística a partir de las acciones que corresponden a las palabras y gestos del Señor en la Última Cena.

OFERTORIO. Presentación de las ofrendas

Primero se prepara el altar o mesa del Señor, colocando el Corporal, el Cáliz y el Misal en el altar.

Luego los fieles presentan en el Altar el pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

En los primeros siglos de la Iglesia, los fieles llevaban de sus casas los dones que debían ser ofrecidos, y que eran presentados al sacerdote por un diácono.

  • Tiene un significado bautismal, porque sólo pueden hacer ofrendas los bautizados
  • Tiene un significado eucarístico, porque se presentan para ser consagrados
  • Tiene un significado antropológico: es el ofrecimiento de los frutos más representativos del trabajo del hombre, significa el ofrecimiento de cada fiel en concreto, de su vida, de su trabajo, de sus ilusiones.
  • Tiene un significado social: son ofrendas de toda la Iglesia.

A continuación el sacerdote toma entre sus manos la patena con la hostia y elevándola un poco, recita una plegaria de bendición. Hace lo mismo con el cáliz.

Antes de presentar el vino se depositan en el cáliz unas gotas de agua. Es un rito antiquísimo, porque parece que así lo hizo Nuestro Señor.

El agua simboliza a los fieles y el vino a Cristo. La mezcla de vino y agua simboliza la unión de nuestra naturaleza humana con la naturaleza divina de Cristo.

También simboliza el agua y la sangre que brotaron del costado de Cristo al ser traspasado con la lanza.

Oración privada del sacerdote

«Acepta Señor muestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde…»

A continuación viene la oración privada del sacerdote, y en ocasiones, la incesación de las ofrendas sobre el altar y del altar mismo, que es facultativa que simboliza que la oblación y la oración de la Iglesia suben como el incienso.

Lavatorio de manos

 

Expresa el deseo de purificación interior.

Además del gesto práctico de lavarse exteriormente las manos después de tocar las ofrendas o utilizar el incensario, simboliza el deseo espontáneo de purificarse el corazón antes de tocar las cosas sagradas, santas.

Mientras se lava las manos el sacerdote ora en silencio: “Límpiame Señor de mi iniquidad y lávame de mi pecado”. Es decir, que hace un acto de contrición y se prepara para celebrar más dignamente el Santo Sacrificio de la Misa.

Invitación a orar a la que responde el pueblo

El origen de este rito se remonta al siglo VIII.

A continuación, dirigiéndose a todos los fieles les dice unas palabras que son como el compendio de la Misa:

Orad hermanos para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso

Todos contestan: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

Oración sobre las ofrendas

Es una oración que se recita en voz alta, con las manos extendidas, y que cierra y condensa el sentido de esta primera parte de presentación de los dones

Esta oración prepara a la Asamblea para su participación en la gran oración eucarística.

La Iglesia ruega para que, unidos a la entrega de Cristo, los fieles ofrezcan su existencia entera a Dios Padre.

Oración Eucarística

 

La Oración Eucarística es el momento culminante de toda la celebración.

Es una plegaria de acción de gracias y santificación

El sacerdote invita a los fieles a levantar el corazón hacia Dios y a darle gracias a través de la oración que él, en nombre de toda la comunidad, va a dirigir al Padre por medio de Jesucristo.

Hay distintas plegarias eucarísticas, pero todas ellas contienen estos elementos:

  • Prefacio Es un canto de acción de gracias a Dios, por todos sus beneficios.
  • Se reza el Santo, Santo, Santo, que es una alabanza solemne a Dios.
  • Invocación al Espíritu Santo (epíclesis) u otras Invocaciones.
    La Iglesia implora el poder divino para que los dones ofrecidos por los hombres queden consagrados y se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo
  • Conmemoración de los vivos
    El sacerdote puede decir los nombres por quienes tiene intención de orar, o bien junta las manos y ora por ellos unos momentos. Luego, con las manos extendidas, ruega por los reunidos en la Asamblea.
  • Conmemoración de los santos
  • Narración de la Institución de la Eucaristía y consagración
    El centro de la Plegaria Eucarística lo ocupa la narración de la Institución de la Eucaristía y la Consagración.
    Este es el momento de mayor recogimiento en el que el sacerdote recitando las palabras de Jesús en la Última Cena, convierte el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor. A esta acción, se le ha llamado siempre “Trans-substanciación”.

Se recuerda la Pasión, Resurrección y Ascensión de Cristo (Anámmesis)

Ofrecimiento y entrega.- (Oblación)

 

La Iglesia ofrece al Padre en el Espíritu Santo la hostia inmaculada, con el deseo de que los fieles se ofrezcan también a sí mismos

Intercesiones

 

A continuación, el sacerdote, con los brazos abiertos, sigue dirigiéndose a Dios Padre pidiéndole por nuestras necesidades. Pide por la Iglesia y por todos sus miembros, tanto vivos como difuntos; pide por la paz y la unidad; etc.

Alabanza final (Doxología)

 

Dice: Por Cristo, con Él y en Él, a Tí Dios Padre omnipotente en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Y todos responden Amén.

Rito de la Comunión

Padrenuestro

Comienza con la invitación para rezar el Padrenuestro.

Durante el Padre Nuestro todos los sacerdotes concelebrantes extienden las manos, como el celebrante principal.

Todos juntos, el sacerdote y la Asamblea, recitan esta oración que Cristo nos enseñó. Es la mejor manera de prepararse para recibir la Sagrada Comunión.

Rito de la paz

Sigue el Rito de la paz (siendo facultativo por el sacerdote) por el cual los fieles se expresan mutuamente la caridad.

Fracción del pan

El sacerdote toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y deja caer una parte del mismo en el cáliz, diciendo en secreto: El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimentos de vida eterna.

Comunión

 

El sacerdote hace una genuflexión, toma el pan consagrado y sosteniéndolo sobre la patena, lo muestra al pueblo diciendo: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

A Jesús se le llama Cordero a semejanza de los corderos que se sacrificaban en el Templo, pero con una gran diferencia: los corderos del Templo no quitaban el pecado del mundo, en cambio el “Cordero de Dios” quita el pecado del mundo.

Antes de comulgar decimos el “Señor no soy digno…” usando las palabras del centurión de Cafarnaún cuando se reconocía indigno de recibir a Jesús en su casa.

El sacerdote comulga y, a continuación, lo hacen aquellos fieles -es decir, sólo pueden comulgar los fieles bautizados- que se saben con las debidas disposiciones. Se han examinado y han reconocido que están en gracia de Dios (que no tienen ningún pecado mortal sin confesar).

La Iglesia nos recuerda que “los que van a recibir el sacramento no lo hagan sin estar durante una hora en ayunas de alimentos sólidos y bebidas, exceptuando el agua” (Ritual).

La comunión es un don que el Señor ofrece a los fieles por medio de un ministro autorizado. Se imita el gesto del Señor: «se lo dio, diciendo, tomad…».

Por esa razón, la Iglesia no admite que los fieles tomen por sí mismos el pan consagrado y el cáliz sagrado; ni que se lo pasen de uno a otro. Ese autoservicio sería, además, una manifestación de clericalismo, porque se obligaría a todos a comulgar en la mano y la Iglesia respeta la sensibilidad de cada uno y, sobretodo, a aquellos que por respeto y devoción, desean comulgar en la boca.

Se concluye esta parte con la Oración después de la Comunión y la acción de gracias, dándose unos minutos de silencio, para el trato personal con el Señor a quien hemos recibido en diálogo íntimo, súplica, gratitud, promesa, adoración … Es bueno prolongarlos después de la celebración, una vez disuelta la asamblea. Y continuar este diálogo Amoros durante todo el día, si ello es posible.

La Iglesia enseña que quienes van a comulgar, fuera o dentro de la Misa, han de observar el ayuno de todo alimento líquido o sólido durante una hora, excepto cuando se trate de agua o medicamentos.

Los ancianos y enfermos, así como los que cuidan de ellos, pueden recibir la Sagrada Comunión aunque no hayan guardado el ayuno durante una hora.
Código de Derecho Canónico, 919.

Rito de conclusión

 

Tiene dos partes:

El saludo y la Bendición final:

 

El Señor esté con vosotros -Y con tu espíritu

La Bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros- Amén

Se pide la ayuda de Dios para todos los que han tomado parte en la Eucaristía, para que Dios les ayude en su vida diaria.

El Amén del pueblo expresa la confianza en la misericordia de Dios

La despedida.

 

Hay dos despedidas:

la despedida de los fieles, con una frase sencilla: podéis ir en paz

y la despedida del altar, símbolo de Cristo. El celebrante principal lo venera mediante un beso, como al principio. Es una expresión de amor y veneración de toda la Iglesia a Cristo.

La fórmula Podeís ir en paz indica que se trata de una misión: la de ir por todo el mundo a predicar el Evangelio.